Portada » Superarse » Psicología » Miedo a la oscuridad

Miedo a la oscuridad

octubre 2, 2009

Aprender a iluminar miedos ocultos.

La mayoría de las personas alguna vez sintió temor por quedarse a oscuras. Según la psicología evolutiva esto sucede en la infancia, en una de las etapas del desarrollo. De todos modos, en muchos casos puede perdurar hasta la adultez como una expresión de inseguridad y de desconfianza. En esta nota una explicación detallada sobre este miedo tan conocido como oscuro.

La oscuridad exterior evoca la propia oscuridad interior. Por ello, el miedo a la oscuridad es un temor muy común de personas inseguras y desconfiadas. Esta es la metáfora más apropiada para dar cuenta de las zonas temidas y, por ende, no indagadas de nuestro propio inconsciente. Con lo cual, como suele suceder en psicología, el miedo hacia algo exterior es, en verdad, la expresión de un temor interior.

Por ello, cuando se encuentran a oscuras, este tipo de personalidades se sienten invadidas por miedos que consideran desconocidos.

Reacción inmediata

Tanto a nivel psíquico como físico, el miedo activa el sistema defensivo. Por un lado, el psiquismo reacciona intentando mantener reprimido todo elemento asociado con la situación temida. Por otro, el organismo físico pone en alerta su sistema de defensa, y lo prepara para mantenerse vivo. Este comportamiento se manifiesta a través de la huída y/ o el ataque. La huída no necesariamente se refiere a la evasión de un lugar oscuro, también puede ser un escape “interno” mediante el cual la persona se traslada a un mundo de la fantasía bloqueando capacidades como crear, pensar, hablar, entre otras.

Temor de niño

Es muy común escuchar que los niños tienen miedo a la oscuridad. Psicológicamente es normal ya que este tipo de temor es característico de una etapa evolutiva del psiquismo humano necesaria para la constitución de la psiquis. Los terrores nocturnos, el miedo a la oscuridad, a quedarse solo y a los extraños, entre otros, son algunos indicadores naturales del proceso evolutivo, por ello, en el caso de los niños, no debería ser una preocupación.

Ahora, si estas manifestaciones naturales de la evolución del psiquismo se mantienen o resurgen más allá de la infancia, hay algo en el proceso normal que no se está consolidando adecuadamente.

Qué nos dice la psicología

Desde el punto de vista evolutivo, esta afección nos habla de un psiquismo que lidia con su inconsciente y sus pulsiones (en psicoanálisis se denomina de este modo a la energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga al conseguirlo).

En el caso de los niños y su organismo joven no es nada fácil asimilar tanto quantum energético, por ello, al procesarlo, puede verse desbordado. Ante la sobrecarga energética, el miedo como respuesta denota una incapacidad para resolver todo aquello que se teme, a nuestros “fantasmas” del inconsciente (todo esto dentro de un contexto psicoanalítico).

Pero, nuevamente, cuando el miedo persiste, debemos indagar clínicamente su significado psíquico y elaborarlo con ayuda profesional, es decir, se debe realizar un trabajo terapéutico de comprensión y elaboración acerca de lo temido, de aquello que aún permanece en la oscuridad de nuestro interior.

Pensamientos derivados

Existe una tradición que vincula la oscuridad con la soledad, la vejez y la muerte.

La muerte es una de las representaciones más difíciles de construir psíquicamente y elaborar. Es por eso que la pérdida de seres queridos o la certeza de la propia muerte traen consigo miedos capaces de confrontarnos con nuestra pequeñez, nuestra finitud y lo efímero de todo. En este caso, el miedo que los ancianos experimentan a la oscuridad estaría justificado.

Consejos que “encienden la lamparita”

Indicaciones de utilidad que superan las diferencias de edad.

√ Si usted sabe que un familiar tiene este problema no le recalque lo “ miedoso” o “infantil” que es. Esto no le dará fuerzas para que la persona supere el problema, muy por el contrario, ésta intentará ocultarlo aumentando su trauma.

√ Cuando un niño tiene miedo, el acompañamiento adecuado de los padres, familiares y educadores puede sostenerlo, contenerlo, comprenderlo y fortalecerlo. El sentirse aceptado y valorado mientras atraviesa las diferentes etapas de su desarrollo, le permitirá experimentar más seguridad y, por ende, aumentar su autoestima.

√ Es importante que los padres acostumbren a sus hijos desde edad muy temprana a que estén en su cuarto solos y a oscuras. Igualmente primordial es que los despierten a la mañana o que se asomen durante la noche. De este modo, les darán a entender que deben ser independientes pero que “mamá” o “papá” estarán cuando lo necesiten.

√ Recuerde que para ayudar a quienes padecen este tipo de temores, es necesario hacerlos entender que éstos no se irán “por arte de magia”. Deben enfrentarlos, aunque eso implique luchar contra traumas del pasado o con miedos muy internos, arraigados y difíciles de reconocer.

√ Si el miedo a la oscuridad permanece por más tiempo del esperado o de lo normal, deberá realizarse una consulta a un profesional de la psicología o psiquiatría. Podría tratarse de algo situacional y resolverse en lo inmediato o bien, ser parte de un complejo comportamiento psicopatológico. Pedir ayuda y atravesar el miedo acompañado es de vital importancia para superarlo.

La palabra del especialista

Miedos y fobias: cómo trabaja nuestro inconsciente

El miedo es una emoción natural del ser humano que surge como respuesta para la supervivencia. Cuando el comportamiento asociado al miedo toma una dimensión exagerada frente a las conductas que permiten el cotidiano vivir restringiendo la libertad, podemos hablar de un comportamiento “emocionalmente enfermo”.

Por su parte, la fobia es la asociación del miedo con un objeto o situación y la permanencia de este enlace a lo largo del tiempo. En el caso de esta nota, el miedo a las manifestaciones internas inconscientes queda asociado a la oscuridad y, en consecuencia, la persona reaccionará de determinada manera.

Si solo es temor, la persona podrá negarse a permanecer en la oscuridad pero, si no le queda más remedio se quedará y reaccionará en consecuencia. Por otro lado, si su comportamiento fuera evitativo, podríamos estar frente a una modalidad fóbica. La persona desarrollará una vida particularmente restringida e irá aumentando su padecimiento y pérdida de libertad, evitando a la situación asociada al miedo.

Asesoramiento: Débora Beilis. Licenciada en Psicología.


¡Síguenos en Facebook!
Todos los días, entérate de nuestras últimas novedades en nuestra página de Facebook