La paciencia, el grito callado…

grito

La paciencia es una demostración de la convicción.

Ser pacientes es lo contrario de ser pasivos, en el primer caso hablamos de una persona que practica la templanza como valor de vida y realiza acciones tendientes a concretar sus aspiraciones, el segundo exponente es sencillo de definir, se trata del cobarde que abandona sus ideales por temor al esfuerzo que implica llevarlos a cabo, y se acomoda en un regio sofá a ver cómo los demás se las arreglan para vivir.

Quien sabe esperar, arriba a logros consecuentes con la voluntad que imprimió para lograr un determinado fin.

En ocasiones, este hecho trae aparejado una gran carga de angustia y desesperanza, pero es ahí cuando la paciencia se alía a la fe para demostrarnos que somos capaces de superar situaciones de conflicto, resguardando nuestra integridad de contextos o de personas que puedan perjudicarla.

La paciencia debe tener como base un plan de acción sólido que justifique la esperanza que lo sustenta, ya que ningún ideal puede basarse en suposiciones o conjeturas.

Lo meritorio de ser paciente es saber aguardar el momento de demostrar en quién nos convertimos, a través del crecimiento, la voluntad y la convicción, lo cual no está relacionado con tomar revancha ante el que nos subestimó ni vengarnos del que nos lastimó. Se trata más bien de un sentido de autenticidad que nos hace oír que alguien nos llama por el nombre que deseamos ser llamados en una realidad innegable.

A continuación algunos aforismos sobre el poder de la paciencia:

√ La paciencia es el examen de madurez que debe aprobar la rebeldía.

√ No importa cómo llames a tu fe, mientras que la concibas.

√ Quien no practica la virtud de la paciencia,

muere en el intento de ser lo que espera.

√ Si un caminante mira hacia atrás a cada paso,

cuando vuelva la vista hallará en disputa su incertidumbre con lo que queda de su paciencia.

√ La sencillez, la humildad y la paciencia,

no arriban a un buen fin si no existe un grito

oculto en cada una de ellas.

√ La paciencia es asumir la desesperación de estar vivos, por el lado inverso de la piel.

√ Si eres paciente cuenta entre tus desafíos un gran éxito.

√ Si eres pasivo cuenta entre tus fracasos un posible logro.

√ Los actos insignes están conformados por la templanza de los sensibles y la soberbia de sus oponentes.

Sabiduría Sufi de Idries Shah

Obediencia popular

Nasrudín llegó por primera vez a un pequeño pueblo de Medio Oriente y una multitud se había reunido para escuchar sus enseñazas. Nasrudín no sabía que decir, porque él sabía que nada sabía. Se paró frente a la gente y dijo:

- Si están aquí, sabrán lo que tengo para decirles.

La gente respondió:

-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos?

Nasrudín contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber, entonces no están preparados para escucharlo.

Y se fue.

La gente se sorprendió. Todos habían ido a escucharlo, algunos desde lejos. Esto habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes dijo:

-¡Qué inteligente!

-Si, qué inteligente, pero… qué breve.

Y otro agregó:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. Hemos perdido una oportunidad maravillosa para aprender. Pero no debemos desesperar. Vamos a pedirle una segunda conferencia.

La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que creyeron que el conocimiento de él era demasiado para una sola conferencia.

Nasrudín dijo:

- Aunque estas personas tengan el don de la paciencia y sepan esperar por el verdadero conocimiento, están equivocadas. Mi enseñanza apenas alcanza para una conferencia.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Finalmente, Nasrudín accedió e insistió con su técnica:

- Ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

Para no ofender al maestro todos dijeron:

-Sí, claro.

Nasrudín añadió:

-Si todos ya saben, no veo la necesidad de repetir.

Y se fue. La gente se quedó estupefacta porque aunque habían dicho otra cosa, el resultado había sido el mismo. Alguien, gritó:

-¡Brillante! Este es el complemento de la conferencia de ayer.

Y en seguida se oyó:

-¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Era evidente que ese pueblo tenía sed de conocimiento y al ver las enseñanzas del Mulla le reclamaron una tercera conferencia. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente aceptó.

Aunque secretamente algunos dudaban de las enseñanzas, el público se había multiplicado ya que creían que estaban sumidos en la ignorancia, por ello insistían en el maestro.

Por tercera vez, el Mulla les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

La gente se había puesto de acuerdo.

-Algunos si y otros no.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

Aforismos explicados

Belén Rodríguez. Profesora en Psicología. Escritora.

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