Juegos amorosos entre adolescentes
Entrevista a la Licenciada en Psicología Noemí Joves
Las nuevas prácticas adolescentes son caminos para explorar el cuerpo, incursionar en modos de vincularse amorosa o eróticamente con sus pares y, finalmente, reconocerse en una nueva identidad diferente a la del niño. ¿Cómo orientar a los chicos para que crezcan con libertad sin que deban exponerse a situaciones perjudiciales o inadecuadas para su edad? ¿Cuál es el rol de los padres para cuidar a sus hijos sin censurarles sus “experimentaciones”? La Licenciada Noemí Joves, psicóloga, brinda interesantes herramientas para mejorar la relación padres-hijos y para comprenderlos mejor en esta etapa fundamental de sus vidas.
Un juego amoroso tiene que ver con el juego preliminar de las relaciones. Pero, la licenciada Joves admite que esto “es muy amplio”. Y agrega que, jugar amorosa y eróticamente, en los adolescentes —fijando la adolescencia plena entre los 14 ó 15 años— constituye el pasaje de la fantasía a la realidad.
Por lo tanto, si bien la sexualidad se encuentra presente durante toda la existencia humana, en la adolescencia se vivencian y manifiestan cambios hormonales que generan fantasías eróticas, las cuales se desean sentir a través del propio cuerpo y el de otros. El imaginario de la sexualidad infantil, básicamente autoerótica, polimorfa…
1) ¿Durante la niñez, es cierto que las sensaciones sexuales se sienten en todo el cuerpo?
Sí. Cuando se es niño, todo es erógeno: la boca, la cola, los genitales, todo es sexualidad. Lo que se va a empezar a jugar ahora, a partir de la adolescencia, es la unificación en una genitalidad, una elección sexual. Y a nivel de la identidad, el adolescente va descubriendo quién es, necesita cuestionar los modelos parentales, salir afuera, medirse él mismo en la realidad y armar sus propios patrones. De todas formas siguen contando para el adolescente los valores de sus padres como valor-refugio. Así, nos encontramos con una personita que viene del imaginario y va a pasar a la realidad, tendrá un cambio en la sexualidad, en su identidad, en todo su ser. Es como cruzar de una orilla a la otra, del sueño a las relaciones reales. Las grandes transformaciones de la sexualidad adolescente serían el descubrimiento del cuerpo para el amor y el vínculo sexual amoroso. Esta crisis vital individual, personal, se desarrolla dentro de un entorno que le asigna características sociales propias.
2) ¿Qué es lo que causa más inquietud a los adultos de esta etapa?
Lo que más nos asusta a los adultos es el adolescente que se expone demasiado, que compromete su integridad emocional y física, el adolescente se encuentra con una amplia e indiscriminada cantidad de sensaciones y modelos sociales con los que se quiere medir. La moral del pecado: decirle “no lo hagas porque es pecado”, está casi en desuso y ha sido reemplazada por otra moral exitista y exigente: “Tenés que rendir, tenés que tener, tenés que brillar…”
3) Tenés que hacerlo porque si no sos un “amargo”…
Exactamente, corresponde a la cultura del no-compromiso. Y eso pasa con los adultos jóvenes también, que tienen una pareja y no se pueden comprometer porque predomina el miedo a la entrega, al amor; disfrazando de miedo al abandono, al rechazo y a la invasión del otro. No es fácil para los adolescentes, porque lo que les ofrecemos desde la sociedad no los contiene, son valores efímeros. Todo es desde afuera: es la piel, para sentirse bien, hay que divertirse, y para ello hay que embriagarse, agradar al otro, todos son estímulos externos para lograr la felicidad. Así los adolescentes, enfrentan este cambio vital de su sexualidad, dentro de la propuesta de estos estímulos externos con valores exitistas y efímeros.
4) De afuera hacia adentro, y no desde sus motivaciones…
Claro. Obviamente, no es que las familias no podamos ayudar, pero hay patrones sociales comunes que influyen. Y esto no implica que los varones y las chicas tengan una mejor o más evolucionada sexualidad, tienen también los mismos problemas que teníamos nosotros para lograr la plenitud.
5) Justamente, ayer hablábamos con amigos sobre que los adolescentes parecen pasarla mucho mejor que nosotros a su misma edad…
La evolución, la madurez de la sexualidad requiere tiempo, autoconocimiento, la formación de un vínculo de amor necesario para sentir un orgasmo, para sentirse sueltos, para disfrutar de una plena sexualidad. A veces eso se respeta, y cuando no ocurre así, aparecen disfunciones sexuales.
6) Yendo al tema de “exponerse mal”, ¿cómo sería esa actitud?
Sería no elegir, no elegir con quién estar, no darse cuenta de lo que se siente, de lo que se quiere. No elegir con responsabilidad. El adolescente, en este cambio que atraviesa, sufre de fragilidad y vulnerabilidad, justamente porque está transformándose, entonces ya está expuesto a un riesgo propio del crecimiento, y todo lo que hace lo enfrenta a lograr más confianza en él y también lo expone a la decepción, a la desconfianza, a la depresión. Es importante que los padres generen en sus hijos la auto-responsabilidad a través de un lenguaje contenedor, que propicien un tipo de pensamiento crítico, cuestionador, libre, para que el adolescente pueda preguntarse sobre sus propias acciones: “¿Vale la pena? ¿Tengo una relación y la paso bárbaro desde todos los aspectos, o sólo desde la piel?” Aunque no estén de novios en el sentido estricto, la idea es que tengan una relación íntima, comprometida, que logren disfrutar de una sexualidad responsable con el otro. Esto vale para varones y para mujeres.
7) ¿Cómo pueden los padres “preparar” a los chicos para que puedan elegir?
Los papás, muchas veces, dudan en fijar límites y van de lo estricto al no hacer nada. Quizás por la propia frustración que genera decir que “no”; un “no” sostenido con un abrazo y un mimo, con todo el cariño, y no se dan cuenta que los chicos necesitan la contención del límite, aunque el primer resultado sea la oposición, los chicos no precisan que los padres se les enfrenten también. No acuerdo con en el sistema premio-castigo como un medio útil para conducir el desarrollo de nuestros hijos porque no genera en los chicos la conciencia de su propia acción, ganan un premio o cumplen el castigo; sí, es más trabajoso insistir y dar respuestas en el sentido de la auto-responsabilidad, guiarlos a que se hagan cargo de sus actitudes, de lo que generan con ellas si es coherente con sus deseos. La única herramienta que tenemos los papás es dialogar: un diálogo basado en el respeto, en la escucha verdadera, teniendo en cuenta que ese adolescente necesita de nosotros ser fortalecido, valorizado y amado; sí es difícil, porque ese chico no se muestra frágil, o te cuenta algo que te alerta, y es ahí justamente cuando necesita de sus padres un lenguaje nutritivo, una escucha atenta que propicie un intercambio, un diálogo sin olvidar que los límites con mucho amor los fijamos los padres. Los chicos deben tener en claro que hay límites: “Esto va, esto no va”.
8 ) ¿Y cómo fijar esos límites sin quedar anticuado o desfasado con respecto a lo que viven los chicos hoy en día?
Los límites, dice Jaime Barylko, que son como las marcas blancas de la ruta. Dicen “por acá no”, pero delimitan un lugar en el que sí se puede. La idea es que el adolescente incorpore los límites que los papás venían imponiendo, para ver qué está bien y qué está mal. Creo que es algo particular de cada familia, qué es lo que los padres creen que está bien y lo que está mal. Hay padres que no están de acuerdo con que se vayan de vacaciones solos o que vayan a bailar. Ante esto, yo propongo que escuchen al chico para ver qué trae, cuál es su planteo. Si viene con todo organizado, hay un mayor cerca, ha pensado todo, ¿cómo se le puede decir que no así como así? El límite es el cuidado del chico: preservarlo de que se lastime, mostrarle los recursos de que dispone. Cuando un niño sale la primera vez a hacer un mandado, la mamá queda temblando en casa pero también le da todas las indicaciones, y lo hará en forma progresiva; una vez lo acompañará y otro día lo mirará desde la ventana. Es interesante que los padres controlemos y nos hagamos cargo de nuestros propios miedos que muchas veces obstruyen.
9) ¿Cómo desarrollar esta herramienta de diálogo?
De manera diaria, con respeto por lo que cuentan, dejar de lado las auto-referencias como “en mi época era distinto”, enseñarles a tener un enfoque más crítico de las cosas. Por ejemplo, está el caso de mirar un programa de televisión porque todos lo miran. Yo me acuerdo, cuando mi hija era una nena, que todas sus amigas miraban la misma tira televisiva y llegaban a soñar con vivir esa situación. Algunas madres les prohibían verlo, pero lo mejor era sentarse con ellas a mirar el programa y decirles “esto no es la realidad: es una escenografía, no se visten así, etcétera”. Si hay algo que consideramos peligroso para nuestros hijos la solución no siempre es reprimirlo, evitarlo; muchas veces un obstáculo puede convertirse en el punto de apoyo para una mejor resolución. Hoy es un programa de televisión y mañana es una secta. Por eso, hay padres que no pudieron establecer un diálogo con sus hijos desde la niñez y en la adolescencia les cuesta más; pero se puede lograr y vale el intento realmente.
10) ¿Se puede ensayar el diálogo en la adolescencia cuando en la niñez no se lo practicó?
Se puede igual, pero hay que ver qué pasa con los papás, porque a veces con la intención de cuidarlos creemos que nuestra forma es la mejor y nos negamos a alternativas, nos cerramos y como los adolescentes actuamos el negativismo. Por lo tanto, existen problemas de comunicación a nivel familiar que impiden establecer el diálogo y requieren de la intervención terapéutica.
11) Ésa sería una forma “moderna” y, a la vez, paternal. Porque hay padres que no fijan límites para parecer que están en la misma sintonía.
Bueno, cuando se trata de fijar límites, hay que tener en cuenta que los papás y los chicos somos distintos. Que hay diferencias, aunque nos podamos poner la ropa de nuestros hijos, y menos mal que hay diferencias, porque borrarlas no les hace bien a los chicos, los pierde, no los contiene. No saben cuál es el límite, lo que está bien y lo que está mal, los confunde y entorpece la constitución de su identidad adulta. El papá y la mamá no son amigos. Podemos pensar en un acercamiento, en no poner castigos sino en hacerlos cargo de las consecuencias de sus “macanas”; se les puede dar una mano, pero no ponerse a estudiar con él porque se llevó materias a diciembre o a marzo. Es difícil no aflojar al ver la angustia del chico, pero hay que dejar que él se haga cargo, con mucho cariño pero con firmeza.
12) ¿Los juegos amorosos son una forma de llamar la atención de los padres?
Lo que pasa es que los chicos también están probando modelos. Formas de vivir, de enfrentarse a los padres, que a veces no sólo no los independizan sino que les profundizan la dependencia. Un chico que hace todo en contra de los padres es dependiente de ellos, porque espera a ver lo que hacen para decidir lo contrario. El chico tiene que pensar qué le parece a él, qué piensa al respecto, debe formarse una opinión. También es necesario que corten con los padres y que vayan probando; pero los padres siempre son una fuente de contención y de consejo permanente para ellos, aunque los chicos les digan “vos no entendés”. El padre puede ir orientando, diciendo “esto no me parece”, hasta un punto en el que diga “no, porque…” Pero plantarse en el “no, porque no”, no sirve; además, hay que esperar, porque el chico también tiene su proceso para entender los límites.
13) ¿Los juegos amorosos son necesarios en esa etapa de la vida?
Sí son necesarios para atravesar la consolidación de la identidad sexual. El problema es cuando la sexualidad no está vinculada al amor y los chicos disocian los dos aspectos, tal como sucede en el modelo actual. Especialmente en la televisión, que es un modelo muy fálico, engañoso, como el de la vedette o el del travesti, que tiene todo. Es un modelo que no enseña a bancarse el “no”: lo que no se puede, el límite. Las chicas deben estar flaquitas y no fallar en lo sexual, no decir que no, aunque no sepan ni cómo es un orgasmo, tal como nos pasó a todas. Hay toda una cuestión hormonal, de la edad, que emerge, es imparable y propio del desarrollo, pero hay que encaminarla con el vínculo y la responsabilidad.
14) ¿Y cómo influye ese vacío en la formación de la identidad?
Creo que si eso no se revierte y queda en algo superficial, por ahí serán personas a las que les cueste hacerse cargo de lo que sienten y ser coherentes con lo que hacen, personas dependientes, disfrazadas de mil máscaras y conducidas a diferentes patologías como la depresión, trastornos de ansiedad, pánico, etcétera.
15) ¿Hay un momento en la edad para revertir esta situación?
No, no hay un momento determinado, sólo darle la importancia necesaria para revertir la situación y no dejar que cause alguna patología. Yo creo que el momento crítico de la adolescencia es el de los 17 años, porque los jóvenes están terminando la escuela secundaria, salen al mundo, elijen una carrera sí o sí, tienen que “tenerla”. El modelo social es el mayor referente: alrededor de los 20 años van decidiendo con qué se van a quedar, es un momento de mayor reflexión, la necesidad de una pareja más estable, enamorarse.
16) ¿Y en lo que tiene que ver con conductas sexuales?
Las actuaciones sexuales son algo realizado fuera de contexto. Por ejemplo, poner en acto lo que el contexto sugiere. La típica “tranza” es una actuación, no grave como hecho en sí, pero sí en las consecuencias a largo plazo, pues estamos besándonos como negociación y no como puesta en acto de algo fuerte que vivimos. La violencia sexual es una típica actuación, pues denuncia la pasión como conducta egoísta, es decir, satisfacción a través del otro sin su libertad. Esta violencia puede ser tanto física como moral donde existe la extorsión: “Si no te acostás conmigo te dejo”. Otra actuación es el “sexo deportivo”, en el que tanto varones como mujeres sólo buscan “divertirse” o lo que es peor, van sumando conquistas, creyendo que eso es autoestima. La pura diversión y la suma de conquistas sólo dan seguridad pero van desgastando la confianza en la entrega comprometida.
17) Por ejemplo, muchas chicas tienen juegos cuasi-lésbicos con sus amigas…
Sí, es una experimentación que también es parte de este modelo.
18) Que también se hace para seducir a los varones.
Lo que demuestra que los derechos de la mujer están cada vez más abajo. ¿Por qué no lo hacen esto los varones? En el caso de estos juegos lésbicos o de los que se hacen en las discotecas, los papás no deben tener vergüenza de hablarlo. Tiene que ver con el diálogo, hablar de sexualidad en la vida cotidiana como de tantas otras cosas. A veces los chicos no preguntan, pero se los puede estimular para que hablen. Otras veces son los padres que evitan tocar “ciertos temas”.
19) Bueno, eso es importante, porque en muchas casas no se habla nunca hasta que llega el día de “tenemos que hablar de…”.
Claro, porque muchos chicos parecen muy “entendidos”, pero tienen más dudas de lo que uno cree. Es una máscara. Yo les digo a los papás que, los chicos a determinada edad, tienen que aprender a colocarse el preservativo, para que practiquen, porque después en la primera relación no pueden y deciden que “por hoy, no me lo pongo”, o se les rompe. Además, hay que explicarles que en una relación sexual con alguien, podemos elegir; los juegos amorosos requieren intimidad. Los chicos no tienen claro hasta dónde sí y hasta dónde no. Oscilan entre los modelos de los padres y los que les muestran los programas de televisión o algún videoclip.
20) Claro, pero de todos modos, en el caso de los varones existe la intersección de modelos: quieren una chica que diga que sí pero, después, la tildan de “rápida”.
Sí, yo creo -o quiero creer -que esos patrones recién empiezan a variar a los 25 años, los prejuicios y la desvalorización hacia la mujer mantienen la vigencia de hace siglos, lamentablemente. Y por otra parte, en el camino han quedado muchos heridos/as psíquica y físicamente, con enfermedades de transmisión sexual, que nos confirma la falta de conciencia e irresponsabilidad que maneja la sociedad.
21) Y en cuanto a las heridas psíquicas, ¿cuáles pueden ser?
Perturbaciones, como competitividad en el dominio sobre el otro, un extremado narcisismo, promiscuidad y perversiones de diferente grado. La depresión, no darse valor, no encontrar apoyo para decir “esto no”, la incapacidad para armar una relación más simétrica, la superficialidad y desconfianza en las relaciones, descreimiento en el amor: es una forma de miedo al amor, es razonable esta consecuencia, pues si no se desarrolla la confianza durante el aprendizaje adolescente y juvenil, entonces no se tiene experiencia en el recorrido de la entrega sexual amorosa y por lo tanto me engaño diciendo “no creo”, cuando en el fondo temo por lo desconocido y amenazante. Bloqueos en la sexualidad: no son los bloqueos de antes, consecuencia de la represión de una sexualidad social. Una hipermoral que hace perder la espontaneidad y el contacto con uno mismo.
22) ¿Qué parte de los juegos amorosos son necesarios para el autoconocimiento y qué parte no?
No se puede decir “besos sí, caricias sí, esto no”. Si hay dos chicos que arman una relación, están iniciándose, se quieren y se cuidan, ¿cuál es el problema? Ahí sí, no hay límite. Es la cuestión de la responsabilidad por el vínculo aunque después no resulte. El amor es el espacio donde la sexualidad juega alegre y pasionalmente, responsable y creativamente. Comprender la sexualidad adolescente con responsabilidad, significaría, desde estos planteos, respetar el ciclo adolescente como etapa de autodescubrimiento físico y mental, de conocimiento a través del juego en el otro sexo y concienciando un amor liberado para fundar un espacio íntimo y autogenerativo de su propio camino. El problema que venimos reflexionando es que la falta de responsabilidad del mundo adulto por este momento adolescente, lo ha presentado de manera tal que los adolescentes y los jóvenes hoy viven un difícil período que los expone justamente por la falta de responsabilidad con uno, el otro sexo y el vínculo.
23) Era auténtico: en ese momento valía.
Claro. Yo no sé si hay partes del juego que valen y otras que no.
24) ¿Qué lugar ocupa la virginidad hoy en día?
No es un valor muy tenido en cuenta. Algunos chicos están con el tema de la castidad, pero bueno, ese modelo también se puede cuestionar bastante. Yo no creo tanto en la virginidad en sí, sino en el pudor, en el cuidarse, en el protegerse, en el respetar la propia intimidad. Es un valor positivo no sólo para las chicas, sino también para los varones, para que siempre puedan elegir lo que quieren. Esa idea parte de la charla cotidiana. Pero muchos papás piensan que sus hijos están tan avanzados que les hablan de sexo como si hubieran “debutado”, y eso es vivido como una presión, porque todavía no han tenido relaciones.
25) El caso de los padres que le hablan al hijo como si fuera un latin lover…
Claro, es mucho la apariencia también. Por eso yo insisto en la cuestión del diálogo y en escuchar sin opinar inmediatamente ni caer en el “yo te dije”.
26) ¿Es un problema generacional pasajero o relativo a la historia personal del adolescente?
Creo que las dos cosas. La sociedad siempre estará más con los adolescentes porque les ofrece cosas cuando “salen” al mundo. El único valor que se conserva es el de la amistad: hay códigos que se respetan, se sostienen.
27) Bueno, un buen amigo también puede orientarlos.
Exactamente, pero no hay otros valores buenos que propicien un mejor desarrollo. No veo que haya otras cosas que los ayuden. Y, con respecto a la personalidad individual, para cada chico la adolescencia es un tema particular, no se puede generalizar.
28) Por otra parte, ¿las instituciones clásicas han quedado obsoletas para guiar a los adolescentes? ¿La escuela, por ejemplo?
Creo que la escuela no responde a las necesidades de los adolescentes. La familia, creo, siempre se está moviendo, por lo menos lo que yo veo, en familias de clase media: preguntan, se equivocan, van para atrás, pero hacen cosas para ayudarlos. La familia como institución, todavía está. Es cierto que hay familias ensambladas, pero funcionan como tales. Claro que en otros niveles sociales hay otras realidades. Además, hay grupos diversos, como los que hay ahora, las tribus urbanas. Creo que son necesarios y ofrecen una variada alternativa al adolescente.
29) ¿Por qué serían necesarios?
Y, porque hay muchos y está bueno poder elegir. Son modelos, alternativas que se presentan. Sí, porque antes eras hippie o punk, no había mucho más. Pero ahora hay más cosas sobre las que pueden elegir. Entrar en un grupo estereotipado, salir y entrar en otro, hasta que los abandona y dice “éste soy yo”.

