El jazmín es una planta originaria de Persia que siempre fue muy apreciada por la belleza y el aroma cálido y frutal de su flor. Pero, si queremos verlo en todo su esplendor, necesita de ciertos cuidados que te contaremos en esta nota.
Terreno: vive en una gran variedad de suelos. Este debe ser rico en nutrientes, fresco, drenado e incluso calizo, sólo debemos cuidar que siempre este húmedo. Por otro lado, es indiferente a la cal.
Clima: resistente al frío, debe ser cultivado en exteriores en climas templados. El jazmín de invierno y el de Madagascar se adaptan bien en interiores.
Luz: requiere luz solar pero no en forma directa. Algunas especies pueden cultivarse en semisombra.
Riego: regular; cada semana o cada quince días, esto depende del ejemplar cultivado que puede ser de aire libre o de maceta. Pero, nunca muy abundante.
Plagas y enfermedades: manchas en las hojas y tuberculosis (ramas con verrugas o tumores producidos por granizo y por contagio con las herramientas de poda). Esto puede tratarse con la aplicación de fungicidas de cobre o dictiocarbamatos (Zineb, Maneb, Mancozeb).
Abono: conviene hacerlo regularmente, ya que es de crecimiento rápido. Después de la floración (de final de primavera a final de otoño) debe ser podado de modo que permita una floración más rica al año siguiente sobre las ramas jóvenes.
Recomendación: al ser un arbusto trepador, es conveniente cultivarlo apoyado sobre muros o en soportes
Qué hacer si…
- Los capullos no se abren, puede ser que la planta no esté recibiendo luz suficiente.
- Las hojas se vuelven marrones, es porque están recibiendo luz solar en forma directa.
Solución: en tal caso, debemos retirar al jazmín de allí. Si lo tenemos en maceta, debemos trasladarlo a un lugar más iluminado, pero que no le dé el sol en forma directa.

