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Fantasías sexuales de la pareja: sin miedo a nada

diciembre 10, 2009

“Estoy en pareja hace seis años y hay algunas cosas sexuales que me gustaría probar con mi mujer, como que me haga sexo oral, o practicar el sexo anal, por ejemplo; pero ella no quiere saber nada. Ya no sé cómo puedo convencerla…” En esta nota, nuestra sexóloga nos dá las pautas para empezar a abrir nuestras mentes, dejándonos llevar por nuestros deseos y fantasías más íntimas a fin de encontrar un espacio de satisfacción mutua, siempre en el marco de la confianza y la comunicación abierta y honesta, que puede ayudar a descubrirnos y a enriquecer el encuentro.

Las consultas relacionadas con deseos sexuales son muy habituales. Uno pide algo que el otro no está dispuesto a explorar porque no le resulta interesante, le da miedo o no desea llevar a cabo: una conducta, juego, o fantasía. Esto puede ser motivo de conflictos.

No se debe hacer nada que uno no esté seguro/a de querer hacer. Aunque quizás nos estemos cerrando a nuevas experiencias y placeres por miedo. Es interesante probar cosas nuevas con la pareja, siempre y cuando, esas novedades se produzcan en un marco de contención y cuidado, evitando la brusquedad o la fuerza, para prevenir daños o dolor, físico o emocional. 

Éste es un tema de comunicación en la pareja: ponerse de acuerdo en aquellas cosas que ambos estén dispuestos a probar y pedir al otro lo que uno necesita para sentirse seguro y satisfecho. Cualquier cosa que se haga debe ser de mutuo consentimiento. 

Las propias necesidades

Nuestras necesidades se originan en aprendizajes que hicimos en diferentes momentos de la vida, y cada integrante de la pareja trae consigo una historia, experiencias que hacen que sea quien es hoy.

La sexualidad es el espacio en el cual se manifiesta, con más crudeza y verdad, quiénes somos. En la cama, actuamos como lo hacemos en la vida cotidiana. Pero se nota más. Podemos coincidir con quien nos resulte compatible o, por el contrario, encontrarnos con alguien con necesidades y deseos muy distintos a los propios.

Uno + uno

Ambos miembros de la pareja deben querer algo en común para que ésta funcione. Una relación estimulada y arrastrada sólo por uno de los dos está prácticamente destinada al fracaso o, al menos, a una gran frustración.

A menos que la otra persona quiera algo en una relación, es muy poco probable que se pueda hacer algo para cambiar esto. Pero es posible comunicarse para comprender qué hay debajo de los sentimientos de ambos. Sólo con las propias ganas (sin las del otro), es difícil un vínculo satisfactorio para ambos.

Diferencia entre lo que es y lo que me gustaría que fuera

El sufrimiento se produce por la diferencia entre lo que esperamos y lo que ocurre en la realidad. El amor, entre otras cosas, se trata de aceptar sin forzar. De expresar necesidades (desde la verdad más profunda) y escuchar con atención, sin juicios ni prejuicios, lo que el otro trae. La intimidad puede realmente producirse cuando ambas personas pueden expresarse con confianza y libertad, sabiendo que el otro no hará nada dañino con esa información.

En las relaciones de pareja muchas veces estamos enamorados o amamos –o creemos amar– no a la persona con quien estamos, sino la imagen de quien creemos que tenemos enfrente. Que no es la imagen perfecta del amante que yo quiero.

El sexo que nos contaron

Traemos, de experiencias y aprendizajes que tuvimos, creencias, condicionamientos, fantasías, deseos, miedos que nos impulsan a, o nos impiden, actuar de una determinada manera. ¿De qué manera estas actitudes enriquecen o empobrecen la relación?  Hoy somos, como seres sexuales, según los mensajes que recibimos de nuestros padres, de los medios de comunicación, de nuestros maestros; pero si reflexionamos profundamente nos daremos cuenta de que no son nuestra plena esencia.

Creamos lo que creemos

Si tenemos una creencia determinada, por ejemplo, que “las mujeres que disfrutan del sexo son poco respetables”, muy probablemente nuestra conducta responda a ella y actuaremos para generar eso que creemos, y que la realidad se ajuste a lo que pensamos que es.

Como especialista, he escuchado el comentario de hombres que no llevan a cabo determinados comportamientos sexuales con sus parejas “por respeto”. Esto parte de una creencia doble: por un lado, que el respeto impide el disfrute y la libertad sexual con alguien a quien amamos y, por otro lado, que hay ciertas conductas sexuales que son inaceptables per se.

Rompiendo viejas creencias

El desafío es: ¿cómo escuchar las necesidades y la realidad de ambos miembros de la pareja y encontrar un espacio de satisfacción mutua? Es posible que estemos dejando de escuchar nuestros miedos. Al darles voz, podremos descubrir qué está impidiendo una parte de la satisfacción y quizás, al poder atravesarlos, descubramos algo que no sabíamos que estaba en el otro, en mí, en la relación. Y se pueda enriquecer el encuentro: la comunicación abierta y honesta puede ayudar a descubrirnos.

Un juego de comunicación sexual: “Si me amas”

Por turnos, sin interrumpir, cada uno le cuenta a su pareja qué le gustaría que hiciera sexualmente como muestra de su amor. La otra persona escucha atentamente, sin juzgar ni responder y cuando el primero termina, dice lo suyo. Luego, cada uno cuenta sus miedos o creencias respecto al pedido que recibió y buscan una solución en la cual ambos satisfagan sus necesidades y deseos.

¿Qué tipo de situaciones genera discordancias?

√ Aquellas que involucran áreas del cuerpo poco exploradas (sexo oral, sexo anal, usar los dedos o la lengua).

√ Las que incluyen a otras personas (tríos, intercambio de parejas, personas del mismo sexo).

√ Juegos o conductas consideradas “extrañas” por uno de los dos (juguetes sexuales, fantasías de rol, masturbación, juegos de dominación).

√ Situaciones distintas a los habituales (en lugares públicos, con la luz encendida, frente a otras personas, hablar explícitamente de sexo).

√ Parafilias o conductas sexuales que requieren situaciones específicas para la excitación sexual (ropa determinada, que uno de los dos esté haciendo algo en particular, ver una parte determinada del cuerpo del otro).

Mini-Cuestionario: Entre vos y yo
Preguntas para hacerse y compartir con la pareja

1- ¿Qué necesito realmente cuando pido lo que pido?

2- ¿Qué pasaría si no lo encontrara?

3- ¿Qué pierdo si lo hago? ¿Qué gano si lo hago?

4- ¿Con quién estoy? ¿Quién fue y quién es hoy como ser sexual?

5- ¿A qué tengo miedo? ¿Cuáles son sus temores?

6- ¿Cuáles son mis creencias en cuanto al sexo? (se puede, como inspiración, usar la lista de situaciones mencionadas).

Cama sin tabúes

“Darle voz a los miedos nos permite descubrir qué está impidiendo una parte de la satisfacción y, quizás, al poder atravesarlos, descubramos algo que no sabíamos que estaba en el otro, en mí, en la relación. Y podamos enriquecer el encuentro”.

Asesoramiento:

Lic. Verónica Kenigstein
Facilitadora tántrica, terapeuta de parejas, sexóloga. Creadora de la escuela vincular Campo de conciencia.


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