Insecticidas
Como es lógico, los insecticidas y pesticidas están compuestos por tóxicos muy poderosos. Su composición es variable, pero generalmente incluyen sustancias como clorpirifos, tioftalamidas, organofosfatos, carbamatos y piretinas, cuyos efectos nocivos van desde alteraciones en el sistema nervioso central (convulsiones, pérdida del conocimiento), y fallos respiratorios, hasta la muerte en casos de exposición prolongada.
Principales daños. En relación con estos productos las precauciones deben extremarse debido a su persistencia en el tiempo tras la aplicación: todos los espacios a los que se expone un insecticida o pesticida pueden permanecer contaminados por horas, días e incluso meses. En consecuencia, se recomienda emplearlos lo menos posible o sustituirlos por soluciones caseras como jugo de limón, vinagre, clavos de olor, hojas de laurel, menta, albahaca, lavanda y jazmín.
Cuidado con… Debido a la naturaleza altamente peligrosa de sus ingredientes activos, las advertencias que aplican para cualquier producto de origen químico, deben ser tomadas en cuenta de forma especial en el caso de estas sustancias.
Otros productos no líquidos
Por exagerado que parezca, los productos sólidos que empleamos en las actividades cotidianas también pueden contener sustancias peligrosas. Objetos como muebles, cortinas, alfombras, colchones, telas, aparatos electrónicos, ollas y sartenes de teflón, plásticos comunes, e incluso los materiales utilizados en la fabricación de juguetes, son tratados con aditivos como organoestánnicos, éteres y sustancias perfluoradas para otorgarles propiedades particulares de flexibilidad, higiene o resistencia al fuego.
Principales daños. Estos tratamientos químicos, originalmente concebidos con la idea de brindar mayor seguridad a los usuarios, han resultado ser potentes tóxicos que pueden dañar los sistemas inmunológico, nervioso, endocrino y reproductor.
Cuidado con… Lo fundamental es prestar especial atención a las etiquetas y comprar el producto que menos químicos contenga, y sobre todo, evitar a toda costa aquellos cuyo envase incluya palabras como “peligroso para el ambiente”, “tóxico”, “explosivo”, “carcinógeno”, “corrosivo”, “comburente”, “irritante”, “nocivo”, “infeccioso”, “inflamable” o “mutagénico”.
3 Recomendaciones no-tóxicas
1- Es importante recordar que cualquiera que sea el producto o su aplicación, la recomendación de los expertos son siempre las mismas:
2- Nunca intentar combinaciones o mezclas de sustancias, en ninguna medida, pues nada es insignificante cuando de reacciones químicas se trata.
3- Lejos de optimizar o potenciar su acción, como muchas veces se pretende, lo que se obtiene al hacer preparados de este tipo es no sólo neutralizar los efectos propios de los productos, sino -lo más grave- reacciones químicas adversas que pueden dar lugar a emanaciones de alta peligrosidad. Por ejemplo, la incorporación de lavandina al detergente durante el lavado, además de anular la acción de sus componentes, produce el desprendimiento de vapores que aunque puedan resultar imperceptibles, resultan sumamente perjudiciales para la salud.
Las organizaciones en pro de la defensa de la salud y el medio ambiente han venido realizando campañas por la eliminación de sustancias de este tipo de productos de consumo común; pero dado el poco éxito obtenido, la solución ha sido orientada a la tarea de generar conciencia en la población al momento de adquirirlos.

