Adictos al bisturí: Terminar con la búsqueda de la imagen perfecta
La adicción a las intervenciones es un problema en ascenso denominado Trastorno Dismórfico Corporal. Cada vez son más mujeres y hombres los que se exponen a una operación con tal de verse “más lindos”. ¿Pero a qué precio? Aprender a valorarse y a aceptarse tal cual se es, puede ayudar a acabar con cirugías innecesarias que ponen en riesgo la vida.
La creencia más común es que se operan las personas que tienen algún complejo con la edad. Si bien es cierto que envejecer tiene “mala prensa”, las estadísticas dicen que sólo el 32 por ciento de las intervenciones se realiza en personas de alrededor de 50 años o más. El 64 por ciento de las cirugías estéticas se dan en individuos de entre 21 y 50 años, siendo muy baja la incidencia en menores de 21. Dentro de estos valores, el 20 por ciento son varones. Por lo tanto, estas cifras ponen de manifiesto el notorio aumento en la cantidad de cirugías estéticas.
¿Cirugías por “gusto” o necesidad?
- Nada tiene de malo buscar operarse para corregir un defecto muy evidente, que tal vez viene angustiando a la persona desde hace tiempo, socavando la confianza en si misma. Este tipo de cirugías alivian al sujeto y le permiten una mejor calidad de vida.
- Pero también hay personas que buscan en la cirugía la solución a todos sus “dramas”, en distintas áreas de su vida, que sería el equivalente a buscar extirparse un problema en el cuerpo que en realidad se encuentra en la mente.
- La obsesión por la estética en busca de una cara o un cuerpo perfecto amerita recurrir a un psicólogo en vez de ir a un cirujano plástico. Por ejemplo: una persona pudo haber tenido una intervención en la que quedo estéticamente muy conforme, y sin embargo, buscar una nueva operación en otra parte de su cuerpo debido a los buenos resultados obtenidos anteriormente. Ésta no tiene por qué ser adicta al bisturí. Hace falta algo más…
- Pero en algunos casos, lo que puede ocurrir es que se desarrolle una compulsión. De ser así, llega un momento en que la persona quiere operarse mas allá de lo que le resulte beneficioso.
El precio de verse “más lindo”
- Hay personas cuyas pretensiones son de un nivel de idealización imposible de concretarse en la realidad. Muchas veces buscan modificar un defecto y luego van obsesionándose con otras fallas mínimas, sutiles e innecesarias de modificar. A estos individuos se los suele denominar “adictos al bisturí”.
- Estas personas entran repetitivamente al quirófano para que el cirujano plástico les haga un retoque aquí y otro allí, quedando siempre con la sensación de que algo más tienen que corregir. Es importante evaluar este tipo de personalidades a fin de ver si padecen de un Trastorno Dismórfico Corporal o Dismorfofobia. El término proviene del griego y significa “fealdad”, y forma parte del grupo de los trastornos obsesivo-compulsivos, siendo en cierto modo, un trastorno de la percepción.
Dismorfofobia
¿Qué es… y en quiénes aparece?
En la dismorfofobia hay una distorsión de la imagen, la persona suele tener una preocupación exagerada por algún defecto mínimo. Estas mujeres, porque suelen ser la mayoría, sufren por sentirse feas e incluso deformes por imperfecciones a las que dan una importancia desmesurada.
Puede darse en personas atractivas como en las que no lo son. Lo que sucede a veces, es que logran ser operadas en reiteradas ocasiones y van quedando realmente grotescas, con lo cual el cuadro, si no es tratado psicológicamente, va retroalimentándose y repitiéndose.
¿Es obsesivo de un cuerpo perfecto?
La escala de Yale Brown Obsessive Compulsive Scale Modified for Body Dysmorphic Disorder plantea algunas preguntas claves para saber si se padece de dismorfofobia:
1- ¿Le inquieta bastante su imagen corporal?
2- ¿Cómo es su preocupación?
3- ¿Qué opinión le merecen su cara, sus caderas, sus pechos u otras partes de su cuerpo?
4- ¿Quisiera preocuparte menos?
5- ¿Esa preocupación interfiere con su vida social o con su trabajo o con sus estudios?
6- ¿Evita salir socialmente?
7- ¿Se mira mucho en el espejo o por el contrario lo evita?
8- ¿Los “defectos” que encuentra le causan estrés?
9- ¿Piensa mucho, casi todo el tiempo en el defecto que le molesta?
10- ¿Le teme a una extrema delgadez o a una extremada gordura?
Estrategias para empezar a “amar su imagen”
- Reafirme su belleza interior
La autoestima no es lo que somos, sino el valor que damos a lo que somos. Por lo tanto, haga ejercicios de autoafirmación, todas las mañanas, diciéndose que la belleza interior es la que se refleja en el exterior; y en ese caso, no hay cirugías que puedan modificar esa situación, si no es uno mismo el que trabaje sobre ese tema.
- Aléjese de lo negativo
El exceso de crítica suele minar la confianza en uno mismo, y la autocrítica es mucho peor aún. Ponga énfasis en las cosas positivas que posee y disfrútelas.
- Deje de mirar hacia “afuera”
Hay imágenes que están en su interior, en su sensibilidad. Déjelas salir, exprese sus sueños y sus necesidades. Eso le ayudará a descentrar su atención de lo externo y superficial.
Momento de consultar al médico
En casos leves el apoyo y reaseguro del entorno puede ser suficiente para volver a tener confianza en si mismo. En casos más severos sería necesaria la intervención de un profesional del ámbito de la Psicología y de la Psiquiatría.
Insatisfechos ciento por ciento
Estos individuos suelen mostrar una preocupación excesiva, convencidos de que tienen defectos graves, aunque en realidad sean mínimos, obsesionándose a tal punto que consultan permanentemente al cirujano plástico.
En estos casos, es el cirujano el que debería negarse y derivar al paciente a un psicólogo o psiquiatra para su tratamiento. Pero, en lugar de ello, observamos muchas veces mujeres que parecen clonadas unas con otras, operándose con la misma tranquilidad con la que van a la peluquería.
Por lo tanto, detrás de la obsesión por mejorar el aspecto físico suelen ocultarse insatisfacciones de otro tipo, desequilibrios emocionales, la fantasía de infelicidad o la falta de éxito por culpa de algún rasgo físico disarmónico.
Características de personas que padecen de esta enfermedad: suelen ser tímidas, ansiosas, influenciables a nivel social, sensibles al rechazo y muy vulnerables. Son proclives a la depresión y padecen de angustia y sentimiento de inferioridad, teniendo una distorsión de su propia imagen corporal.
Asesoramiento
Claudia Stern
Licenciada en Psicología y Especialista en Terapia Floral
