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¿Cuándo es el momento de separarse definitivamente? (Parte II)

agosto 19, 2009

Continuación…

¿Cómo enfrentar el estrés y la ansiedad que genera una separación?

Frente a estas sensaciones tan agotadoras, el intentar liberarlas puede dar fines óptimos. Un profesional puede indicarnos cómo trabajar los estados de conciencia a través de estímulos sensoriales, con el fin de “soltar” sensaciones negativas como la ira y la tristeza.

Desaconsejo el uso de fármacos, que sólo calman nuestro malestar durante su ingesta y no contribuyen a fortalecer nuestro estado de ánimo, así como tampoco nos ofrecen herramientas para afrontar la situación.

Que se caiga en este tipo de adicciones, se debe la mayoría de las veces a llevar adelante terapias de pareja muy extensas, que no aportan soluciones concretas y suelen agotar aún más el estado emocional de los integrantes.

La separación es un proceso. ¿Cómo se hace para llevarlo adelante de la mejor manera posible y, a su vez, sobrellevar el duelo?

Esta situación es más llevadera si la decisión ha sido consensuada, porque se considera a la separación como un bien en si mismo para ambos.

Sin embargo, si uno de los integrantes siente que ha sido abandonado, puede sentirse solo y abatido, dejarse caer o canalizar esta angustia de otras maneras. Se suele estar más atento al estado corporal, o intentar vivir en pocos días lo que no han hecho en meses o años.

En realidad, en estos casos es inevitable así como necesario, pasar por ciertas etapas que permitan concluir el duelo y seguir adelante. Atravesar un momento de rabia, sentir dolor, volverse indiferente y poder perdonar son los pasos más “sanos” para sobrellevar este proceso.

El perdón que se consiga, debe ser un perdón sanador para con uno mismo, que permita deshacerse de las “mochilas” que se cargan y dar vuelta la página.

Además, tomarse un tiempo de soledad para reconstruir relaciones cercanas y familiares, así como espacios propios, es algo realmente necesario, ya que las elecciones de pareja inmediatas suelen ser vengativas. Esto significa que en las mismas, se busca permanentemente lo que la ex pareja no tenía, sin saber en realidad si es eso lo que uno quiere.

¿Cómo influye el contexto social y familiar a la hora de decidir separarse?

La vida de uno, es justamente eso, de uno y de nadie más. Si hay alguien a quién se deban dar explicaciones, serán, sin lugar a dudas, a los hijos. Más allá de ellos, uno comunicará amorosamente a los demás la decisión a la que se ha llegado.

No se debe dar el aviso esperando consejos ni comentarios, ya que en cuestiones de pareja, todas las opiniones están teñidas por afectos o rencores que, en lugar de aclarar, oscurecen.

¿Cómo aceptar que se han “agotado los recursos” y que la separación es inminente?

Si uno de los dos no acepta esto, ni siquiera con ayuda terapéutica, seguramente resultará muy traumático para ambos. Es por ello que la pareja no debe dejarse deteriorar. Es necesario encontrar espacios propios e íntimos, quizá tomarse “vacaciones uno del otro” (en la medida en que no tengan niños) o intentar realizar nuevas actividades juntos.

La mitad de las parejas que desean separarse, luego de tomarse un tiempo y continuar con sus vidas alejados de sus compañeros, vuelven al consultorio con la real y emotiva decisión de sentir que vale la pena intentarlo.

¿Puede retrasarse una separación por el temor a no poder manejar la realidad de haber fracasado?

Puede considerarse un fracaso, sin embargo es necesario tener en claro, que la no consecución de la pareja, fue una decisión de ambos. Es por ello, de absoluta importancia, que el planteo de terminar o continuar una relación amorosa, sea establecido con total seguridad. El fracaso genera una sensación de angustia que produce simultáneos estados de ánimo negativos que se deben poder “soltar”. No es sano estar todo el tiempo tenso y con malas emociones.

¿Hay alguna forma “más saludable” de manejar nuestra relación con lo externo durante una separación?

Sin hacer ostentación de que uno se separó, no debe ocultar el hecho. Uno mismo es quien debe tomarlo como parte de su vida, sin resistirse a eso. No se deben aceptar cuestionamientos por respeto al espacio propio que ha tenido la pareja. Si alguien se lamenta por la novedad, es cordial agradecer su preocupación; pero sano, poder aclararle que ha sido la mejor decisión a la que se pudo llegar y pasar enseguida a otro tema.

Para muchos, por cuestiones culturales o falsas creencias, será mucho más difícil aceptar la separación, que para la pareja misma.

¿Cuáles serían los pilares que pueden sostenernos frente a esta situación?

La sensación de pérdida y vacío que se siente es indefectible. Sin embargo, amigos cercanos, algunos familiares, una ayuda terapéutica, y, por sobre todas las cosas, creer que lo que se decidió es lo mejor que podía ocurrir para uno mismo, son las bases más sólidas que se pueden encontrar para llevar esta situación adelante.

Si uno se siente solo, y cae en ciertos desórdenes como el tabaco,  el alcohol, las drogas o una mala alimentación, esto no hará más que sacar a la luz que la separación no sirvió, ya que se suponía que, a pesar del dolor, la misma sería lo más saludable para ambos integrantes.

Frente a esta situación, me parece clave señalar que se deben tener en claro dos acciones cotidianas que suelen ser las causas más recurrentes a la hora de decidir separarse: el haber realizado una mala elección desde un comienzo, ya sea por desconocimiento de las necesidades y valores de vida que cada uno de nosotros tenemos y deseamos; así como la poca paciencia y tolerancia de aceptar al otro como es y ser capaz, desde una sana comunicación, notificarle nuestro disgusto por determinadas conductas que le son propias.

Debemos aceptar que, cuando elegimos a alguien, “tomamos el paquete entero”, de la misma manera que el otro decide incorporarnos a su vida con nuestro cuerpo y nuestra historia.


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