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¿Cuándo es el momento de separarse definitivamente? (Parte I)

agosto 19, 2009

Entrevista a…

JOAQUIN ANDRADE

Médico Psiquiatra

Si bien decidir enfrentar una separación no es un tema fácil, la forma en que la pareja opte por ejecutar este hecho será fundamental. Tener la mente clara y considerar que la ruptura será la mejor decisión a la que se pueda llegar para ambos integrantes, permitirá sobrellevar el duelo y afrontar al mundo que nos rodea con mayor seguridad.

El momento de alejarse deberá siempre ser aquel en el cual uno sienta que ha perdido sus valores como persona y no pueda seguir sosteniendo una situación que lo desgasta y angustia.

Sin arrinconar el dolor, poder perdonarnos a nosotros mismos y soltar las angustias que nos oprimen, permitirá que atravesemos el momento, y en un estado de mayor bienestar psicosocial.

¿Considera que hay algún elemento clave que determine que se ha llegado al momento de la separación definitiva?

Sí, hay varios momentos. Pero esta decisión hay que dividirla en dos circunstancias diversas: una, cuando los dos integrantes de la pareja creen que es el momento de terminar su relación; y otra, cuando la decisión es tomada por uno solo de ellos. La primera, sin duda, es la mejor, porque ha sido una decisión consensuada.

La clave de toda pareja es el respeto mutuo y el que este se tenga por la dignidad de la otra persona. Esto debe prevalecer ante todo, incluso por encima del amor. Si eso se ha perdido, es allí en donde comienzan los problemas.

Lamentablemente, en los tiempos que corren, la palabra respeto ya se ha perdido en todos los ámbitos de la vida, inclusive en las relaciones amorosas.

Si bien, por una decisión personal, muchos integrantes de parejas en conflicto han decidido seguir juntos por situaciones como “el qué dirán….”, o “lo hacemos por los niños”, otras personas, no fluctúan ante esto.

Por el contrario, las personas con límites muy estrictos, al verse inmersas en este tipo de ambientes, se cuestionan con rapidez si está bien el seguir llevando adelante una relación que los anula o maltrata.

¿Cuál sería el comienzo del conflicto?

Suelo aconsejar a mis pacientes, sobre todo a los más jóvenes, que más allá de la fidelidad, cuando inicien una pareja que consideren “formal o seria”, puedan sentarse a poner en claro cuáles son sus valores y deseos, así como qué es lo que están dispuestos a tolerar y qué no. Deben hacer saber al otro sus ideas y pensamientos inalterables desde el comienzo de la relación, perdure esta en el tiempo o no.

Si bien el amor implica ciertos renunciamientos, jamás se debe llegar al punto de perder la dignidad como persona.

Una pareja es la unión de dos individuos, cada uno con una historia pasada y un presente construido con sus valores e ideales. La base del verdadero amor, es aceptar al otro como lo hemos conocido y no desear que cambie.

¿La necesidad de separarse se hace visible para ambos miembros de la pareja o cada uno lo vive de distinta manera?

Es muy raro que la decisión sea simultánea. Quizá surja por la aparición de un tercero o por una sensación de hartazgo, o de sentir que ya no se puede extender más esa unión.

Asimismo, el haberse alejado de sus padres o sentir que se han abandonado relaciones amistosas importantes, suelen ser también, sentimientos disparadores.

Es por ello que considero fundamental, entender que, además de formar una relación de dos, cada uno debe reservar y preservar su individualidad ante todo. Esto debe ser así, por el simple hecho de que ambos son personas distintas, con una vida que se extiende paralela a la existencia que llevan juntos cada día.

¿El no entender esto de raíz, puede desencadenar en una separación conflictiva?

Sostener este tipo de relaciones no comprendidas de base, pueden llegar a producir patologías físicas en uno de los miembros de la pareja, como ataques de pánico o golpes de estrés.

Por otra parte, el chantajear al otro con la posibilidad de realizar algo terrible o presionarlo con la tenencia de los hijos o el futuro abandono económico, son situaciones que se visualizan a diario.

¿Por qué el ser humano suele ser tan problemático frente a este tipo de dificultades?

Porque se da para la gran mayoría de los hombres y mujeres una paradoja muy común: buscamos un compañero o compañera para no estar solos, y cuando lo encontramos, nos sentimos aún más solos, o no sabemos cómo llevar nuestra vida adelante junto a él o ella.

A raíz de esto, comenzamos a cuestionar todo el tiempo nuestra capacidad de elección y necesitamos poder enfrentar nuestros problemas, a través de un apoyo terapéutico que nos permita “soltar” nuestras emociones contenidas, evitar así reprimirlas y clarificar nuestros deseos.

¿El no tener buenas relaciones sexuales con la pareja puede ser un elemento clave para tomar la decisión de separarse?

En generaciones anteriores, al menos para la mujer, esto era un elemento secundario, o meramente considerado importante por su el fin de la fecundación.

Hoy en día, no ya para los más jóvenes que son conscientes de la realidad que viven, el tema no es tan fácil. El paso más fuerte lo ha dado la mujer, que ha descubierto su capacidad de disfrute y toma de decisiones. Ella decide cómo, cuándo y hace saber lo que le gusta y lo que no. Ha comenzado a exigir “calidad” en sus relaciones sexuales y esto ha sembrado temor en el hombre. Este, que si bien siente que puede optimizar sus encuentros íntimos con la mujer que ama, aún no tiene muy claro de qué forma hacerlo.

A pesar de esto, creo que existen tanto excelentes sexólogos como métodos alternativos que probar, que no deberían hacer del hecho sexual un problema primordial para ninguna pareja.

Ante situaciones como esta, aconsejo que, tanto el hombre como la mujer, se tomen veinte minutos por semana para sentarse y hacer un contrato matrimonial sobre sus relaciones sexuales. Diez minutos para cada uno son suficientes para que, con sinceridad y sin vergüenza alguna, ambos puedan decirse lo que desean, así como lo que no les gusta hacer ni que les hagan. Luego, se reunirán una vez a la semana, para saber si han podido cumplir sus expectativas, así como las de su amado, resultando esto un interesante desafío que demuestre el interés y el compromiso mutuo para con el otro.


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